Revisar el mail una vez más. Pensar todos los escenarios posibles antes de una reunión. Preguntar varias veces si está todo bien. Evitar el lugar donde la última vez te sentiste mal. Muchas de las cosas que hacemos para controlar la ansiedad tienen sentido: buscan que nos sintamos más seguros.
El problema es que, con el tiempo, suelen producir el efecto contrario.
El círculo de la ansiedad
La ansiedad es una respuesta natural ante algo que percibimos como amenaza. Prepara al cuerpo para reaccionar: acelera el corazón, tensa los músculos, pone la mente en alerta. En dosis razonables, es útil.
Cuando se vuelve frecuente o muy intensa, aparecen los intentos de control: anticipar, revisar, evitar, buscar confirmación. Cada uno de ellos baja la ansiedad por un rato. Pero también le enseña a la mente que esa situación era peligrosa y que solo pudo atravesarse gracias al control. La próxima vez, la alarma suena antes y más fuerte.
Lo que alivia en el momento puede ser lo mismo que sostiene el problema.
Por qué no funciona pelear contra lo que sentimos
Intentar no sentir ansiedad suele convertirse en una nueva fuente de ansiedad. Estar pendiente de cada señal del cuerpo, preguntarse si va a volver, tratar de frenar los pensamientos: todo eso mantiene la atención puesta justamente en aquello que queremos que desaparezca.
Desde la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) se propone otra manera de relacionarse con la ansiedad: no como un enemigo que hay que vencer, sino como una experiencia incómoda que puede estar presente mientras seguimos haciendo lo que nos importa.
Qué se trabaja en terapia
- Entender cómo funciona tu ansiedad: qué la dispara, qué pensamientos la acompañan y qué la mantiene.
- Identificar las conductas de control y evitación, y reducirlas de forma gradual.
- Desarrollar herramientas de regulación emocional y atención plena para responder con más margen.
- Volver a acercarte a las situaciones y actividades que la ansiedad te fue quitando.
El objetivo no es que nunca más sientas ansiedad, sino que deje de decidir por vos. Con la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) y la ACT existen formas concretas de trabajar en esa dirección.
Si la ansiedad te está condicionando, podés conocer cómo trabajo en ansiedad y regulación emocional.


